¿Quién vela por los derechos laborales de la IA?

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¿Quién vela por los derechos laborales de la IA?

la IA no tiene feriados

Hace rato los feeds de todas las redes sociales están inundados de noticias y canales o “especialistas” dedicadxs a la Inteligencia Artificial. Por supuesto, hay de todo. Pero principalmente lo que nos ofrecen es una descripción completamente acrítica para obtener atención o ya descaradamente publicidad enmascarada de noticia. Acá hay mucha tela que cortar pero se me ocurrió hacer una observación pertinente a esta fecha.

La contribución de Marx a la economía no es un estudio “económico” a secas , él habla de una “economía política”. ¿Por qué? Porque un análisis económico, sin más, bien puede referirse únicamente a la producción y circulación de bienes y servicios, sin considerar la parte social o histórica del asunto. Para Marx, el capitalismo no está definido por el capital en sí sino por las relaciones sociales mediadas por el capital. Y en estas relaciones sociales descubre dos o tres aspectos fundamentales que siguen inalterados: 1- Existen personas que son dueñas de la tecnología necesaria para producir. 2- Existen personas que no siendo dueñas de la tecnología lo único que pueden ofrecer es su trabajo. 3- Quienes poseen la tecnología emplean a lxs segundxs pero les pagan menos de lo que vale su trabajo, de lo contrario no obtendrían ninguna ganancia. La preocupación por el desempleo que puede generar la IA es superficial comparada con lo que nos dicen estos sencillos tres puntos. Porque, incluso en un contexto de pleno desempleo, la cuestión es cómo se distribuye la riqueza. O sea, qué van a hacer lxs dueñxs de la tecnología.

En uno de los pocos pasajes donde Marx describe lo que imagina que sería una sociedad comunista, lo que cuenta es muy parecido a la tecnoutopía que la IA podría propiciar. De ninguna manera desaparecería el trabajo sino que cada persona podría dedicarse a lo que guste y disfrutar su vida sin la preocupación de generar un ingreso que garantice su supervivencia. Pero, en este idílico contexto, no habría “dueñxs” de la tecnología sino que se trataría, precisamente, de un bien común. Por eso, incluso el paraíso IA que nos quieren vender es en realidad algo más parecido al feudalismo que a otra cosa. Hoy lxs dueñxs de la tecnología nos hacen creer que la regalan cuando, en realidad, estamos trabajando para ellxs, brindando absurdas cantidades de datos con los que alimentan máquinas de estadísticas (porque eso es lo que hoy se llama Inteligencia Artificial, una multiplicación relativamente sencilla pero gigante, cuyo valor son los números que le “regalamos” por la inferior satisfacción de utilizar tal o cual aplicación).

Una conversación política sobre la IA tiene que partir de un conocimiento técnico aunque sea mínimo de cómo opera objetivamente (algo que se esconde por definición en el software privativo) y, además de contemplar los peligros de su implementación a gran escala, preguntarse ¿de quién es esa tecnología?

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