La computadora como instrumento

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La computadora como instrumento

Un comentario ignorado sobre la ideología de su uso

Esto es casi una transcripción de un comentario que hice a una persona que, después de compartir sus sesudas reflexiones, se comprometió a leer y responder todas las impresiones. Aunque un breve vistazo de su feed deja bien en claro cuáles son sus verdaderos intereses, una infundada fe en la humanidad me impulsó a responderle respetuosamente. Por supuesto, me ignoró.

En el contexto de lo que Varoufakis llama “feudalismo de plataformas”, las computadoras no son solo EL instrumento sino el objeto total o absoluto. Por eso me parece interesante trascender la ilusión de la herramienta hacia la ideología de su uso. Es muy superficial destacar la espectacularidad, la precisión y el control que suponen estos objetos. La cuestión es ¿espectáculo de qué? ¿control de qué? ¿precisión en qué? La ideología de su uso abarca nociones menos problematizadas como el soporte, el método y la calidad, todo lo que tiene un impacto material, es decir, la cuestión estructural. No solamente lo que “hacemos sin saber” sino, principalmente, lo que “hacemos aunque sabemos”. Toda teoría justifica una práctica.

¿Quién llamaría “retro”, “vintage”, “nostalgia”, “romanticwave” a un piano o a una guitarra o a la música interpretada con estos instrumentos? ¿Por qué se aceptan estas categorías para ciertas computadoras, sintetizadores o estilos musicales? Esto encima se hace con gozo y creo que forma parte del combo identitario. Por un lado falta una conceptualización que permita distinguir y valorar. Más por necesidad que por deber existen las serendipias de la hermosa, enorme, resistente cultura popular digital, ignorada por la burocracia y pasteurizada por el mercado (que por lo menos la detecta y la entiende). Para bajar un poco todo esto doy mi ejemplo preferido: el bytebeat. Se trata de la técnica de síntesis más reciente, sustentable y accesible que conozco (veremos qué depara la IA y los qbits). Técnicamente es algo que las computadoras pueden hacer desde que existen porque utiliza operadores lógicos de comparación de bits que son el corazón de cualquier procesador. A pesar de esto, el bytebeat era algo impensable, estaba fuera del horizonte ideológico, las computadoras tenían que sonar a algo más “real”. Las primeras computadoras personales ya traían sintetizadores “de verdad” integrados. Por eso todavía cuesta hoy entender que se trata de otro paradigma y lo más común es que se intenten extrapolar los parámetros de otras técnicas de síntesis al bytebeat en lugar de explotar su singularidad. En bytebeat, una misma operación modifica simultáneamente la forma, la fase, la amplitud y la frecuencia de la onda. Por eso cuando se intenta portear un tipo de síntesis más “familiar”, donde estos parámetros se controlan separadamente, el código se alarga al pedo, es que se está de alguna manera forzando a que sea lo que no es.

Además de todos los sesgos con lo que se distingue lo “serio” y lo “profesional”, cuando se habla de computadoras como instrumentos también hay un sesgo al intentar colocarla en alguna categoría preexistente. La computadora como imitación, como administradora y procesadora de representaciones de algo exterior (un bajo, una batería, una voz). Esta duplicación o desdoblamiento del mundo se encuentra con un interesante ejercicio deconstructivo cuando en el bytebeat el cómputo es el instrumento en sí y la única referencia es el fenómeno psicoacústico. La duplicación o desdoblamiento es, precisamente, el primer indicador de la ideología: separar, disociar, crear un mundo de fantasía para explicar la vagancia, la injusticia, la hipocresía.

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