Gatopardismo 3.0

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Gatopardismo 3.0

Una de las razones por las cuales escribí “usar-pollo-con-polea” fue para decir lo que quería decir sobre algunas cosas y no tener que volver sobre ellas todo el tiempo. ¡Qué iluso! No solo vuelvo constantemente sobre los mismos temas sino que me veo en el brete de tener que aclarar y rectificar un montón de cosas que escribí.

Uno de los puntos principales del libro es reivindicar la cultura popular digital sobre las expresiones académicas y meramente comerciales. Más que reivindicar, conceptualizar. Porque me parecía que un montón de cosas no estaban desarrolladas al nivel político y filosófico que merecen. Para ser honesto, también porque al no desarrollarse debidamente ciertos tópicos de la cultura popular la institucionalidad se apropia de ellos y los enarbola como banderas propias. Pero esa asquerosa actitud, propia de las burocracias intelectualoides, no se logra sin la ignorancia colectiva. Es decir, mientras no existan criterios o argumentos más o menos beligerantes que hagan frente a semejantes pavadas, mientras no haya quien dispute esas banderas, la cultura se reparte entre los designios del mercado y la monotematicidad universitaria. Con eso en mente se me ocurrió hablar de Bajtín para resaltar los aspectos subversivos de la cultura popular. El tema es que el punto que desarrolla Bajtín es el del carnaval. El carnaval es una inversión controlada del status quo, una estrategia de la cristiandad para sublimar las represiones que dominan el resto del año. Si el mendigo es rey por unos días es, precisamente, para que el rey sea rey todos los demás. Algo consistente con la idea cristiana de caridad. La caridad es un gesto que reafirma las posiciones de los sujetos involucrados, quien tiene da algo a quien no tiene. A cambio de esta “generosidad” se obtiene el orgullo de la superioridad moral pero, sobre todo, se confirma uno sobre el otro.

Es la misma lógica que subyace a la corrección política hoy. Con falsa humildad y filantropía se enmascara la posición universal de la enunciación, ¿quién sino un enunciante absoluto puede juzgar lo que es más justo para todos, especialmente para los iletrados y aparentemente también mudos oprimidos? En esto consiste el gatopardismo, cambiar todo para que no cambie nada. Es evidente que Bill Gates se nos está cagando de risa en la cara cuando se solidariza con “black lives matter” pero lo más triste es el ejército de tecnoyuppies que no solamente se siente conmovido sino interpelado a oficiar de paladín o vigilante. Son los mismos que ahora nos vienen a vender la utopía de la web 3 o levantan la noticia en sus espacios de comunicación para mañana avisarnos de una nueva feature de WhatsApp. En fin, que si hablé de cultura en clave bajtiniana no fue en este sentido sino todo lo contrario. Tampoco para mirar con estúpida ternura ni contemplar sabiamente el pasado sino para advertir lo que hay de valioso en el presente y revisar a qué estamos contribuyendo ahora.

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